¿Qué onda con la microonda?

Por: Óscar Guillermoc | @oscarguillermoc@Marro

Hace unos días platicaba con un amigo sobre el poder que tienen en mí las palomitas de maíz. Consumo alrededor de seis paquetes a la semana. Antes de comprarme un horno de microondas, cocinaba los granos en una sartén y, evidentemente, las comía en menor cantidad por la flojera que implica esa preparación.

¿Qué es en sí misma una palomita de maíz? Es el resultado del sometimiento al calor que sufre un grano de maíz. Este grano, capaz de tolerar nueve atmósferas (o sea, nueve veces la fuerza que nos mantiene en el piso) al entrar en contacto con el calor, las moléculas de agua del grano comienzan un proceso de evaporación, y al no poder soportarlo, explota. Y luego ocurre una bella transformación: de ser un grano duro pasa a ser una pasta esponjosa y repleta del sabor que tienen los carbohidratos del elote. Un producto de gran simpleza pero con una enorme aceptación por sus características que, gracias a las respuestas sensoriales que brinda, resulta adictivo. ¿Por qué? La naturaleza de su textura es compleja: es crujiente, pero también suave. Estas sensaciones, al interactuar con lengua, dientes y paladar, es irresistible. Además su preparación permite un montón de posibilidades; el uso de grasas o aceites como la mantequilla para acelerar su proceso de preparación y hacer que resbalen en la lengua; con algún tipo de azúcar caramelizada para activar, desde el aroma, nuestros receptores de serotonina. Todos estos factores han hecho que las palomitas de maíz sean pagadas a precio de oro en salas de cine, y no exagero. Se cobra cien veces más en relación a su costo de producción, y nosotros, los clientes, al no tener un mínimo de autocontrol, pagamos hasta cuatro salarios mínimos por una simple caja llena de maíz reventado de dentro hacia afuera con un poco de calor.

Una palomita de maíz explotando a 15,000 cuadros por segundo.

En fin. La conversación de mi amigo respecto a las palomitas me hizo pensar en una cosa: el horno de microondas. Este electrodoméstico recibe tal nombre gracias a una sencilla función, calentar con el poder de la radiación. Creado por gente muy lista un año después de la segunda guerra mundial (sí, por militares), fue el resultado de esa pretenciosa palabra llamada serendipia. Al estar investigando sobre radares (y armas, lógicamente), se creó entonces, y casi por accidente, una patente del poderosísimo magnetrón (como el malo de los Transformers, ya te imaginarás a donde vamos) que se empezó a vender a la industria y después a los hogares ahí por los años setenta. Así llegó el poder de la radiación de las microondas a todos los hogares estadounidenses. Radiación, una de las palabras más temidas de toda la guerra fría.

Don horno de microondas no fue muy querido durante esos primero años, pero al ver lo efectivo que llegó a ser para ese nuevo ritmo de vida de consumo y velocidad, pronto se convirtió en una herramienta fundamental en cada hogar del planeta. Hay de muchos colores, tamaños y lucecitas. Pero hasta la fecha desconfiamos de él.

Tememos a lo que desconocemos dice la primera página de un libro de aventuras que leí en la preparatoria. Yo alguna vez temí de las moscas y un gran amigo me enseñó que debía conocerlas antes de intentar superar mi miedo, sólo para saber si era yo, o si el mundo me había dado una fobia real. Por lo tanto, en esta época de la humanidad donde hasta tomar agua nos da cáncer, el microondas es usado con culpa así como se sataniza el sobrevalorado y contaminante plástico de los tuppers y el humilde vasito de las sopas instantáneas que, dicen algunxs nutriólogxs muy holísticos: “se quedan pegadas en las tripas dos años, y más cuando las preparas en el micro”. Si tememos a lo que no conocemos, entonces vamos a arreglar eso. A continuación les presento la imagen de una onda:

Y ahora, la imagen de una microonda:

Sí, es lo mismo, pero un millón de veces más pequeña, y un millón de veces más veloz. Este es el motivo por el cual la microonda produce calor más rápido dentro de los alimentos en comparación a cualquier otra herramienta.

¿Qué miedo le podemos tener a esa pequeña partícula en movimiento? La tenemos en los celulares, en las antenas, en las pantallas de nuestras computadoras, televisiones y todas esas chingaderas que usamos para hacer “más fáciles nuestras vidas”. Actualmente no hay estudios científicos serios que comprueben que el microondas, en un uso moderado, genere algún tipo de cáncer, ni tampoco que exista una mutación dentro de los alimentos ya que el tamaño de la onda no es capaz de modificar su ADN. En fin, no hay absolutamente nada serio en la enorme Internet que afirme eso que muchos temen. No. El horno de microondas no es Al-Qaeda. Y claro, ya sé. Aquí saldrá algún listillo diciendo que me contradigo al decir que no está comprobado. Amigx: lo que sí está comprobado es que comer algo caliente que sale del horno de microondas es menos peligroso que los 15 cigarros diarios que te fumas en ayunas, o los 1.8 litros de refresco light que bebes por que estas segurx que así no vas a enfermarte de diabetes.

Pero bueno. Descubrí algo que tiene que ver con el horno de microondas y las palomitas. Mis seis paquetes diarios me llevaron a un intenso proceso de experimentación para obtener las palomitas de maíz perfectas. Este descubrimiento lo iba a desarrollar en un artículo estrictamente científico, tono el cual domino y el cual estoy cualificado desde un título universitario para hacerlo, pero mejor no; no quiero aburrir con mediciones de temperatura, datos del clima, presión atmosférica o conteo de granos por bolsa. metan el paquete de palomitas al refrigerador.

En esta ciudad el calor es infernal, y por lo tanto los paquetes de palomitas se calientas más rápido de lo normal. No, no eres estúpidx al no recordar si tus últimas palomitas buenas se hacen en tres minutos y veinte segundos o tres minutos y cincuenta segundos, simplemente, si tenemos nuestras palomitas a una temperatura constante (como en el refrigerador) siempre tendrán el mismo tiempo de preparación dentro del horno.

En fin, las palomitas tienen un gran poder en mí, le comentaba a mi amigo , ya que curiosamente, el primer producto que se probó cocinar dentro de un microondas fue, como ya se imaginarán, las palomitas.


(Este artículo iba a ser referenciado, pero es un blog de comida y no Wikipedia).

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