Cinco formas de comer tacos en Chihuahua que no son las que conocías

Por: Aniela Rodríguez | @anielasind

No hay motivo culinario que nos una más como país que los tacos. La versatilidad es una de las características que definen a este platillo: hay variedad de tacos como de lugares en el país. Y porque el bistec y el pastor no lo son todo en esta vida (aunque, aceptémoslo: la mayoría de las veces lo son), esta pequeña lista le rinde tributo a algunos tacos que escapan de los ideales del taco convencional y han decidido triunfar a partir de su propia (y extrañísima) identidad.

1.    Tacos de morcón (Tacos El chacal)

A contraesquina de la Antigua Paz, una de esas cantinas entrañables para borrachos como yo, están los tacos del Chacal, un pequeño puesto de hojalata pintado de blanco que de lejos parecería inofensivo, pero de cerca es todo un crack de la comida de calle que recibe hordas de Godínez día con día. Por su plancha discurren distintos tipos de relleno, como la tripa, la barbacoa, el bistec, la ubre, y mi favorito por mucho: el taco de morcón (que, si tenemos amigos fuereños por aquí, se trata del estómago del puerco o buche, en su equivalente chilango). Ligeramente cartilaginoso, picado en trozos pequeñitos y sazonado con la maestría de quien conoce su negocio, el morcón brilla metafórica y literalmente, pues viene cubierto en esa delicada película de su propia grasa en la que se ha dorado en la plancha. ¿Hace falta agregar más?

2.       Tacos de Spam (La Antigua Paz)

Volviendo al tema de aquellas noches de risas y cervezas baratas que la Antigua Paz nos regaló en abundancia, es necesario recordar un clásico de clásicos. Abucheado por muchos y aclamado por otros tantos, los tacos de spam son uno de los platos representativos de la cantina más longeva de la capital chihuahuense. Se trata de uno de esos frankenstein culinarios muy poco comprendidos, que solamente pudo surgir de la mente de un borracho para satisfacer a otros borrachos como nosotros. ¿Qué mejor que un buen trozo de aquel fantoche de embutido, altamente industrializado y rebosante de sodio para bajarnos los estragos de la borrachera? Los tacos de spam son cutres, sí. Pero sobreviven en esa mágica intersección donde, como diría Fuentes: el horror conoce la belleza.

3.       Ahogados (Las flautas de don Luis)

El punto número tres no tiene nombre establecido. Tampoco aparece en Foursquare ni en Google Maps. Basta saber que su dueño es don Luis Burrola, un hombre mayor que siempre está dispuesto a atender a toda alma hambrienta con una sonrisa. Antes de ponernos puristas, debo advertirles que no vine al punto tres a hablar de tacos, sino de una de sus parientes cercanas en su versión recargada: las flautas ahogadas. Es en las profundidades de la colonia Santo Niño (para ser más precisos, en la esquina de la Calle 29a. y Riva Palacio) resiste un oasis de amor para los universitarios que han inundado las calles de esta zona. Las flautas ahogadas son un hit: cuatro tortillas rellenas de apenas unos hilillos de carne que nadan en salsa roja (hecha a base de tomate y un toque apenas picante) y están cubiertas de queso y crema. Aunque el relleno de las flautas es raquítico, aquí el truco final lo hace la salsa: un oasis que es capaz de revivir a cualquier soldado caído en la fiesta.

4.       De fideos (Taquería de Provincia)

El hecho de que en la monstruosísima Ciudad de México (A.K.A. de efe) la gente consumiera con singular afición los hiperfamosos tacos de arroz me atormentó durante mucho tiempo. No fue hasta una visita a Parral que descubrí todo lo que me había perdido por no comprender esa fantástica fusión de dos carbohidratos tan característica de la cocina en México. La primera vez que probé los tacos de fideo fue hace algunos años en el Casino parralense, maridados con un vino georgiano cuyo sabor francamente no recuerdo. Ahí supe, también, que se trataba de uno de los platillos favoritos del escritor Carlos Montemayor cuando frecuentaba este lugar con sus amigos. Los tradicionales fideos secos iban envueltos por una delgada y perfectamente dorada tortilla de maíz y cubiertos por lechuga y crema, lo que resultaba en una experiencia donde la fritanga se encontraba con el clasicismo de la cocina de mamá. En Chihuahua, puedes encontrar una versión de estos tacos en Taquería de Provincia (Teófilo Borunda #2202).

5.    De orruras o colitas de pavo

No soy fan de las colas de pavo. Pero lo que sí sé es que, si eres chihuahuense, tienes que probarlas por lo menos una vez en tu vida. Las orruras, por otro lado, son un complemento perfecto para ciertos caldillos (son las pequeñas migajas sobrantes del cazo del puerco, y las venden de chicharrón o de carnitas, pero las segundas son mis favoritas por mucho). Sin embargo, no hay nada como ir a tu tortillería de confianza y pedir, junto con tus tres pesos de tortillas, una colita y una pequeña bolsa de orruras. Complementa con un aguacate, y voilá: una explosión de texturas al alcance de tu bolsillo. La combinación entre la suavidad de la cola de pavo, y lo crujiente de las orruras forman el perfecto taco placero, por ontonomasia chihuahuense. ¿Un tip? Date la vuelta por la Calle 4a., justo en ese peculiar pasaje peatonal entre las avenidas Niños Héroes y Juárez, donde pululan carnicerías y tortillerías dispuestas a venderte estos dos manjares mientras bailas al compás de la ranchera de moda.

Un comentario sobre “Cinco formas de comer tacos en Chihuahua que no son las que conocías

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  1. Soy chilango y fui a Chihuahua hace unos cinco años. Me encantó. Desde el cielo de un azul irreal a la sopa de queso, el chile pasado, el vino local. Lástima no haber tenido esta guía, aunque falta descripción del punto 3. Gracias

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